Juan Fajardo

El fotógrafo que quería ser músico
Por Blanca Lacasa

“¿Una anécdota? Pues sin ser yo muy fan de KISS, recuerdo unas fotos que les hice. Ya les había visto en directo y les había fotografiado tocando, pero estar con ellos en los camerinos y ver toda esa parafernalia desde dentro es un auténtica locura. Verlos ahí sin maquillar o esos trajes que sobre el escenario se ven espectaculares pero que si los tocas parecen del todo a cien… Flipé. El asunto es que quería hacerle una foto a Paul Stanley retocándose en el espejo. Se lo planteé y me respondió: ‘No puedes hacer esa foto porque, por contrato, KISS sólo puede salir de frente’. ¡Hasta la luz para fotografiarlos ha de ser frontal! ¡No se les puede iluminar desde un lado! Es esa cosa de la
industria americana en la que absolutamente todo está estipulado. ¡Alucinante!”

Esta es sólo una de las mil anécdotas que el fotógrafo Juan Pérez-Fajardo (Madrid, 1969) guarda en su memoria.Considerado -con toda justicia- como uno de los grandes fotógrafos musicales de este país, por delante de su objetivo han pasado desde la plana mayor de las luminarias nacionales (Loquillo, Enrique Bunbury, Luz Casal, El Cigala o Camela) hasta artistas de relumbrón galáctico de la talla de Nick Lowe, Bobby Gillespie, Santana o Neneh Cherry. Algunos retratados casi a su pesar (como Patti Smith que no tenía su mejor día, “fue simplemente borde, pero hay que entenderlo: llevaba toda una gira por Europa firmando libros”), otros con la urgencia y la autenticidad que dan los cinco minutos de camerino previos al show (Bobby Gillespie con ese gesto suyo inconfundible por inmutable) y otros tantos -la mayoría- posando para la inevitable promoción. “He trabajado poco con modelos, pero está tirado. Les dices: ‘mira para allá’ y lo clavan; ‘pon la mano así’ y lo hacen. Sin embargo, para muchos músicos, las fotos de promo son un tormento y hay que ganarse su confianza, que se olviden de la cámara, que la situación no les imponga y que no sientan que les estás robando el alma. Hay mucho trabajo psicológico previo porque lo que pretendo con mi trabajo es que se entienda la música que hacen de un vistazo y para eso necesito que confíen”.

A esta confianza ciega contribuye el hecho de que Pérez-Fajardo es músico de corazón. Sabe mirar y lo vive como si fuera uno más de la banda. Es, en cierto modo, el reverso gráfico de ese ‘músico frustrado’ que, para muchos, son los críticos musicales. Empeñado en ser músico desde pequeño, habiendo pasado por más de una banda, tuvo que conformarse -es un decir- con ser el que contaba en una sola imagen lo que sucedía en esa cosa que él tanto disfrutaba: los conciertos. “En el fondo me hubiera molado ser yo el de la foto, pero al final estoy en la música que es lo que me gusta”. Pérez-Fajardo empezó de casualidad. Rebotado de una carrera de Físicas que le aburría soberanamente y expulsado por la gran crisis de 2008 de la industria de la animación con la que, hasta ese momento, se ganaba estupendamente la vida, empezó a ejercer como fotógrafo en conciertos por puro azar. Aunque claro, a la suerte siempre hay que ayudarla un poquito. En este caso, fue un empujón en toda regla. “Una noche, le estaba enseñando a un amigo unas fotos de un viaje a Utah en la sala El Sol (Madrid), Eva [Amaral] las vio, le encantaron y se quedó con la copla. Poco después, se celebraba el festival South by Southwest. Y como quería trabajar con la revista Rolling Stone, se me ocurrió hablar con Amaral y decirles que los de la Rolling estaban interesados en que fuera al festival a hacerles fotos y a la revista les dije que había hablado con Amaral y que querían que les hiciera fotos. No he vuelto a hacer este tipo de cosas porque no está bien pero me salió de puta madre”. Y tanto… ¡Bendita caradura!

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